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Horror Morror se escribe con hache

Udaberria iritsi da eta… a ze nolako erromeriya!

Urtero martxoaren 21ean burura etortzen zait Erasmus ikasle ginela grabatutako zinta batetan Ibon-ek botatako hau.


El nuevo año nos trajo la publicación de Horror Morror (en euskera Alokairuan), el librillo de tiras de cómic que recoge las historias de gente que comparte piso y vive de alquiler. Empezamos la primavera con su versión web. Nunca he compartido piso con Pernan, pero en cambio sí que hemos tenido la suerte de tenerlo como casero (landlord) hace unos años y más recientemente él es quién nos ha encontrado destino para nuestra próxima mudanza.

Si no conoces a Pernan es que eres un raro y si no tienes el cómic es porqué no quieres y además no te da la gana, ya que durante este mes lo tienes a 7€, gastos de envío incluídos. Si todavía no eres fans, no será porque no tengas motivos para serlo: desde por cómo es él como persona humana, hasta por los botones de cambio de idioma que ha hecho.

Horror Morror el blog, arranca con Gaztaroa/Juventud una historia autobiográfica, y si no es así que baje Willy Wilder y lo vea, en su versión más Woody Allen.

El libro suele ser mejor que la película, en este caso la vida es mejor que el libro. Leed si no.

Lo más jarto no está en los cómics. La realidad supera a la ficción. He visto y vivido cosas que nadie creería si las pusiera en cómics:

Un compañero de piso que conocía mis antiguas creencias políticas me ofrece atentar contra alguien o poner una bomba donde yo diga, por cien mil de las antíguas pesetas. Me dice que tiene experiencia en la guerrilla en Africa, donde fue herido por metralla en pierna y costado. De esto hace ya unos 18 años, tranquilos.

Un tuno de la tuna de la facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid me enseña fotos suyas en las que aparece brincando, capa negra, lazos rojos, panderetas, con otros tunos tocando alrededor, ante sus Majestades los Reyes de España. Otra foto con Gorbachov. Otra con un Papa (no recuerdo cuál).

Tengo cáncer (ya me curé) y en la ventanilla de la Seguridad Social donde he de hacer mil papeles me preguntan mi domicilio. Como he dejado el piso compartido en el que vivía y, mientras busco otro piso, estoy en casa de mis padres, le digo que no sé. Me echan una gran bronca.

Otro compañero de piso encuentra un chico subsahariano durmiendo en un coche y le invita a VIVIR en nuestra casa. El negro se aprovecha MUCHO de la fama de la virilidad de los de su raza, y el piso es un desfile de mujeres, cada día o cada dos días una diferente. Al compañero de piso oenegista le molesta un poco, pero el cabreo llega cuando una de esas chicas es su propia hermana. Entonces le dice al africano que ha de irse del piso.

En plena noche, como a las 4, mi novia (ahora vivimos solos mi novia y yo, y 2 gatos) se despierta y salta de la cama gritando “Hijo de puta”, “Hay un tio en casa”. Un ladrón había entrado en casa, creemos que por el balcón abierto (es un primer piso). Ha robado un ordenador portátil, una cámara de fotos digital pequeñita, un iPod nano y el móvil de mi novia. El móvil lo cogió de su mesilla, a 20 centímetros de nuestra cama, donde dormíamos. Al venir los ertzainas nos dicen “Vaya, qué revuelto han dejado todo…”. El ladrón no había revuelto nada, ya estaba así.

Otra vez también nos robaron, pero eso ya aparece en un cómic. Aunque lo que no digo en el cómic es que nosotros pensábamos que era algún tipo de cuerpo parapolicial, ya que no se llevaron las pocas cosas de valor que había, y, por otra parte, todas las carpetas de los estudiantes que vivíamos allí habían sido registradas.

Convivo con una familia entera. En los gastos de caja común me intentan “colar” la compra de una rueda de repuesto para su coche.

Cuando viví en Madrid, hace 22 años, en una visita a mi familia en mi tierra natal, me regalan un queso entero. Al volver al piso de estudiantes del madrileño barrio Esperanza, veo aquella gloria láctea encima de la mesa de la cocina. El piso es un bajo, y muy cerca están de obras. Vuelvo a casa de clase. Abro la puerta y entro justo para ver cómo una gran rata deja de mordisquear el queso y, tras tres saltos torpes, sale por la ventana.

En los seis meses que vivo en Madrid en 1988, cambio de piso cuatro veces.

Realmente, el cómic Horror Morror es para niños.

Pernan sobre Horror Morror

Los pianistas, el trovador y José Rasca

Esta temporada, cuando juega el Barça, es música para los oídos. Cuando el pasado año, por fin, la selección decidió a qué quería jugar y adoptó su misma idea de fútbol, se destapó el tarro de las esencias y a finales de junio ganaba la Eurocopa, y de que manera. El nombrado mejor jugador del torneo no fue precisamente un delantero sino Xavi, uno de los estandartes de la en este momento probablemente mejor cantera de Europa; la Masía, prolífica en jugadores de centro de campo con buen dominio del balón y capaces de manejar el ritmo y el partido. Por algo a este grupo de jugadores se les llama jugones o mejor aún pianistas.

En ciclismo, tenis, baloncesto y por supuesto fútbol, estamos en la élite, pero ante un micrófono pocos de nuestros deportistas van más allá de intercalar un “la verdad es que”, “lo que está claro”, “hacer historia”, “no hay rival pequeño”, “sí bueno ¿no?”, “el fútbol es así”,… con lo poco o nada que acaban por decir. Al oirles hablar, da la sensación que de que se penaliza el segundo de pausa o silencio, y hablando así han acabado por crear estilo, por llamarlo de alguna manera. No son oradores son deportistas, simplemente que hablen como lo hacen con sus personas cercanas, porque aunque lo hagan a través de grandes medios, se dirigen al gran público.

Con el uso de las nuevas tecnologías se nos supone cada vez más y mejor comunicados, pero a la vez también cada vez leemos y escribimos peor. Tenemos acceso a manejables y sofisticados gestores de contenidos, más y más publicaciones y a una cada vez mayor cantidad de blogs, que reescriben o divulgan contenidos de otras webs y que acaban siendo el equivalente al programa de zapping, que se hace de fragmentos de otros programas de zapping, y que finalmente no generan nada nuevo.

En este pajar de medios parece difícil poder clavarse la aguja. Por ese motivo la alegría es grande cuando, en la red de redes, uno encuentra algo interesante qué leer, y mayúscula cuando además de fresco e interesante, está bien escrito. Del deporte y de la música en este país, entre otras cosas, escribe Santiago Auserón en Canciones que todavía no existen, una de las anotaciones en su cuaderno en La Huella Sonora. Oficina de producción artística y web como pocas hay, un lujo en forma y contenido, de un personaje que nos fascina desde los tiempos en que lo veíamos al frente los Radio Futura y al que hay seguir el rastro y no conviene perder de vista.

Santiago Auserón también tiene un perfil en el Facebook con un interesante apartado de Notas en el que cuenta cosas interesantes.  Quién lo diría, alguien escribe en el Facebook.

joe-strummer