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Έφεσος #indenait

Según la leyenda, Androclo, hijo del rey Codro de Atenas, consultó al oráculo sobre dónde de debía fundar una población en Jonia. Este le respondió en su estilo típicamente enigmático: “Has de elegir el lugar que indiquen el pez y el jabalí”.

Androclo se sentó con algunos pescadores cerca de la desembocadura del río Caistro y del monte Pion, colina en la que se construyó más tarde el gran Teatro de Éfeso. Mientras cocinaban algunos peces para el almuerzo, uno de ellos saltó del fuego, haciendo que una brasa prendiera algunas hierbas secas que, a su vez prendieron la maleza cercana. Un jabalí que estaba escondido huyó asustado; en el lugar donde lo mataron los pescadores se construyó el templo de Artemisa.

Lonely Planet, Turquia
3ª edición en español (octubre 2005), ISBN 84-08-05976-9

Éfeso (griego Ephesos Έφεσος, turco: Efes, latín Ephesus) en la antigüedad una localidad del Asia Menor, en la actual Turquía, fue una de las doce ciudades jónicas a orillas del mar Egeo.

Pocas cosas puedo imaginar más #indenait que las ruinas de una civilización antigua. Por si hubiere alguna duda, atención al audio, con una de las dos voces hablando en francés. Ante tal escena, la camarógrafa tuvo que rendirse a la evidencia y limitarse a plasmar la mera realidad.

Cómo preparar y hacer un picnic

La teoría, se puede hallar toda ella excelsa y precisamente explicada en el vídeo. No vamos a descubrir el, a estas alturas, ya clásico entre clásicos de los manuales en la preparación del picnic. La práctica la encontramos en la experiencia que unos cientos de afortunados tuvimos la suerte de vivir ayer domingo, en el Parque Cristina Enea en el Condado de Egia-Lancashire.

Musika Parkean

Con motivo del fin de semana del Rompeolas/Donostia 2016, DeliFunArt volvieron a liarla, esta vez con una edición especial de Pintxos&Blogs y una cosa iniciativa que se han inventado y a la que han llamado Musika Parkean. En esta su  primera edición, consistió en algo así como bajar al parque con la familia o los amigos, plantar el mantel en la hierba y disfrutar en compañía, de la comida, la música, el parque y en este caso, de un día de primavera.

La meticulosidad de la organización llegó hasta tal punto que, a pesar de ser donostiarras, no tuvimos ocasión de poder quejarnos en ni un solo momento, ya que hasta el comportamiento del tiempo fue ejemplar: rigurosa alternancia de nubes y claros, para que no nos achicharrásemos al sol, pero tampoco nos diese el frío. Especialmente bien lo pasaron niños, padres… y diría que también todos lo demás.

Todo aquel que no estuvo, se lo perdió y a juzgar por la buena acogida de la iniciativa, me temo que podemos encontrarnos ante la recuperación de una tradición donostiarra de toda la vida.